Existen ocasiones en las que un pueblo tiene que saber buscar consensos para sobrevivir. Ahora es el momento.

Tras años de crisis, el modelo actual de relaciones sociales, políticas y económicas, se muestra incapaz de dar soluciones para salir de la terrible sima donde nos encontramos.

Es preciso tomar conciencia de que parte de los problemas que aquejan nuestra sociedad son consustanciales a la manera en que gobernamos nuestras cuestiones. Es necesario tener la claridad de ideas suficiente para aceptar, que el actual sistema es responsable de su propio colapso y que debe ser sustituido por un nuevo modelo de convivencia, si el objetivo es procurar a nuestro pueblo, un futuro mejor, además de superar las terribles consecuencias inmediatas de la crisis.


Factores de una crisis

Algunos factores de esta crisis son ampliamente identificados por la población:

  • El alejamiento entre la casta política y económica y el resto del pueblo. Un mísero uno por ciento gobierna a un 99 por ciento, que solo tiene la posibilidad de protestar y patalear, puesto que ni siquiera cuenta con verdaderos mecanismos democráticos para poder enfrentarse a los malos gobernantes y a los que controlan financieramente el mundo
  • Vivimos en una economía artificial. El sistema capitalista se ha convertido en un juego de relaciones financieras, incomprensibles, pero que amenazan con hacer pasar hambre a una sociedad que por su avanzado desarrollo tecnológico y científico, debería estar disfrutando de los inmensos avances de la humanidad y en la mayor parte de las necesidades humanas podrían estar cubiertas. El sinsentido es tan claro, que nadie parece querer mencionar que nuestra existencia, como sociedad, se ha vuelto, sencillamente, absurda. No es aceptable un mundo capaz de las maravillas tecnológicas que conocemos, cada día, pueda haber un solo ser humano pasando necesidad.
  • El divorcio entre los valores que se publicitan y los que realmente mueven nuestro mundo, es algo que insulta nuestra inteligencia y a pesar de ello lo asumimos y soportamos. Derechos escritos en papel mojado: derecho al trabajo, a la vivienda, a una vida digna, a tomar decisiones políticas, son solo proclamas bellas menos importantes que la más pequeña decisión de un banco defendiendo su sacrosanto derecho al enriquecimiento soez y exagerado de sus accionistas. Es así, sin más, nuestra sociedad admite que se ejecuten legalmente miles de desahucios, en un país lleno de personas sin techo y de techos sin personas debajo. Solo por no ponerle el cascabel al gato y adoptar las medidas necesarias para no seguir sacando del sistema, a miles de personas útiles y deseosas de cumplir su función social.

Hay que empezar a tomar partido

A pesar de ser las cuestiones expuestas bien conocidas por la mayor parte de las personas que tienen algún tipo de inquietud política, el desasosiego que crea esta conciencia, está lejos de ser el germen de algún tipo de actuación que pueda aspirar a corregir estas aberraciones.

El sistema ha sido capaz de suprimir toda posibilidad de rebelarse, permitiendo a cambio, precisamente la algarada estéril, como válvula de escape. “Protesta libremente”, dicen, “eres libre y tomas decisiones, pero después, al comparecer ante tu pueblo para recabar su apoyo, ya te lo contamos nosotros como va” Y va así: partidocracia, corrupción, inexistente división de poderes, democracia falsa por imposibilidad de ejercer los derechos primordiales del sufragio activo (poder elegir a quien uno quiere) y del sufragio pasivo (poder ser elegido para cualquier cargo)

Las iniciativas que parecen haber surgido espontáneamente, sobre todo las que cristalizaron en los movimientos sociales del 15M, han ido diluyéndose, como cabía esperar, debido a su naturaleza asamblearia y poco estructurada, sin haber dejado apenas huella en el panorama político español.

Las escasas iniciativas que se han desarrollado desde diversos sectores de la sociedad indignada 15-M, Democracia Real Ya, las Mareas Ciudadanas, etc., parece que no consiguen reunir apoyos suficientes, más que para organizar manifestaciones, y no debemos olvidar que las manifestaciones, saludable síntoma de la protesta de un colectivo y catártica forma de tomar conciencia del propio enfado, son insuficientes para llegar a gobernar un país y más aun para renovar completamente un modelo de convivencia.

Históricamente, siempre hubo un grupo dirigente que llevo a cabo la revolución, las más de las veces apropiándosela y muchas veces alterando las intenciones iniciales del movimiento social, pero siempre, en todo caso, liderando un movimiento diverso, que de otra manera hubiera resultado estéril.


¿Y que venimos nosotros a decir aquí?

Si evidente es la necesidad de llevar a cabo un gran cambio sociopolítico, también es evidente la necesidad de que este sea propiciado por un grupo amplio de nuestros compatriotas. Un grupo representativo de la sociedad, un grupo que supere el 51% de los individuos soberanos que tiene la responsabilidad de decidir, que tenemos la responsabilidad de decidir nuestro futuro.

Solo son amplios los grupos que incluyen entre sus filas diversas sensibilidades y diversas propuestas para dar solución a los problemas.

La tradición moderna de considerar que todo movimiento regenerador es siempre un movimiento de izquierdas es, además de una falacia, una forma que utiliza el poder, precisamente de evitar la posibilidad de que el movimiento sea realmente fértil.

Antiguos maestros como Ortega y Gasset y muchos grandes pensadores políticos del mundo entero, han sabido darse cuenta de que ser de izquierdas o de derechas no deja de ser una manera de automutilación. No caeremos aquí en esa autodestrucción de nuestras posibilidades.

Lo que es cierto para las personas, más aún lo es para los movimientos. Hoy se deben superar de una vez los antiguos clichés de derechas e izquierdas que nada dicen. Hoy o se está con el sistema autoritario dominado por políticos profesionales y banqueros, o se está por una verdadera democracia y un estado social.

Creemos resueltamente en la necesidad de crear un movimiento transversal, habitado por diferentes tendencias y entre ellas queremos, y tenemos derecho, a ver representada una tendencia que sea la que nos satisfaga a nosotros, más que las demás. Por supuesto, queremos que esa posición, ese espacio político, sea aceptado y sea albergado por el resto del movimiento social que queremos colaborar a poner en marcha. Como leales compañeros de viaje, en pos de un objetivo mayor y más amplio, pero queremos también esto ocurra poniéndose de manifiesto los factores diferenciales de nuestro grupo. Lo queremos, para que sea clara nuestra aportación al fin común: libre, independiente y comprometida, y siempre coherente y responsable.

Quienes tomamos hoy la palabra para presentar un proyecto de grupo que podrá fraguar en muchas entidades de carácter político o social en un futuro próximo, queremos dejar patente que

Nosotros creemos

  • Que es imprescindible acometer una profunda reforma legislativa que promueva un sistema electoral justo y sobre todo democrático. Que dicho proceso está llamado a redefinir las funciones de los partidos políticos tradicionales que hoy en día han hurtado de las personas el protagonismo político y la misma soberanía.
  • Que el sistema que alumbre esta nueva transición ha de estar centrado en la persona, en sus necesidades y en su realidad. Nada deberá estar nunca por encima de las personas y sus intereses, ni la economía, ni los nacionalismos, ni las ideas políticas o religiosas pueden ser consideradas superiores a las personas. Nuestra lucha no es una lucha por el individualismo sino por las personas, individuos que alcanzaran su plenitud dentro de su comunidad como parte de su sociedad. Lejos de ahogar lo individual, los proyectos colectivos son los que permiten que las personas lleguen a los más altos niveles de desarrollo en todos los órdenes, como personas, miembros de una familia y una comunidad.
  • Que el sistema que surja después del periodo constituyente debe superar el caduco modelo económico capitalista y abanderar una serie de reclamaciones humanas que nunca aún han sido realmente consagradas por una constitución política:
    • El trabajo humano es el mayor exponente de su capacidad creadora y de su compromiso con la sociedad. Por ello debe ser considerado como la mayor de las posesiones humanas y se ha de tender a conseguir que dicho posesión no sea vendida al mejor postor sino que sea puesta a disposición de la sociedad a través de empresas y sindicatos de trabajadores. Proponemos que sean los trabajadores los que posean los medios de producción y que el resto de factores productivos sean considerados simplemente como eso factores, mejor o peor retribuidos, según las circunstancias pero nunca depositarios de la propiedad de las empresas.
    • Diversas formas de propiedad deberán ser desarrolladas en paralelo a la ejercida por los trabajadores organizados en sindicatos. La propiedad colectiva, la propiedad municipal, cooperativa y por supuesto la propiedad privada cuando esta sea la que se refiere al uso que dan las personas a sus cosas.
    • Solo es posible imaginar un nuevo sistema más justo, en ausencia del principal inductor de la crisis actual: los bancos, el mundo financiero. Es una tarea que deberá asumirse sin demora la creación de un sistema de crédito alternativo al actual, en manos privadas pero con fines sociales y colectivos que permita superar l esclavitud a que nos tiene sometido el poder monetario de los bancos y sus nefastas consecuencias económicas.
    • Se deben acometer profundos cambios en la estructura del estado para evitar las tensiones actuales entre diferentes territorios. Solo cabe superar la crisis formando un frente común entre todos los que vivimos en el territorio de nuestra nación, solo así sin ciudadanos de primera o de segunda, sin distinciones de raza o nacimiento, o procedencia geográfica, podremos realmente hacer valer nuestras reivindicaciones. Por otra parte debemos explorar nuevas formas de organización territorial que promuevan la descentralización administrativa pero impidan la sinrazón del nacionalismo decimonónico que solo ha creado en España, división y muerte.
    • Debemos replantearnos seriamente la permanencia de España en determinadas instituciones europeas o mejor aún renegociar nuestro estatus porque desde hoy hay que reivindicar cada día la soberanía que merece nuestra España, para poder tomar conciencia de nuestras necesidades y lanzarnos en pos de las soluciones, con orgullo y con generosidad, sabiendo que del beneficio de nuestros semejantes obtendremos nuestro propio beneficio. Pero decidiendo, participando y no conformándonos con el papel cástrate de meros espectadores a que nos han condenado políticos y banqueros, y gobernantes europeos.

Un nuevo liderazgo

Hoy es la sociedad organizada en torno a grandes consensos, quien está llamada a liderar el proceso de cambio. Es esta una nueva forma de patriotismo, el abrazo a un proyecto común de futuro compartido.

Creemos llegado el momento de romper con la inercia y clamar por un cambio profundo de las estructuras y formas políticas y económicas en España, apoyando nuestra radical demanda en un proceso democrático y no en un proceso revolucionario.

Creemos que el primer paso para resolver nuestros problemas es, además un paso imprescindible sin el cual es imposible que después se pueda avanzar hacia un verdadero gobierno justo:

Es necesario abrir un periodo constituyente para “reiniciar” el sistema

Cuanto más tardemos en tomar la decisión, mayor será el daño que sufra la sociedad y mayores los riesgos de que finalmente se impongan soluciones radicales o violentas, auspiciadas por la desesperación y la facilidad con que a veces pueden manipularse las masas. Ya conocemos los casos deplorables del nazismo y del comunismo y de cómo la desesperación de un pueblo puede acompañar con justas reivindicaciones, las más horribles soluciones.


¿Qué puede conseguir la sociedad?

Se puede aspirar a un sistema republicano, donde sean elegidos directamente los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, un sistema donde los derechos al sufragio pasivo y al sufragio activo, estén garantizados y donde se contemple el mandato imperativo como un recurso último para depurar políticos que nos hayan estafado. Esto es solo un primer paso que abriría un futuro incierto, pero que abrirá en todo caso un futuro. Puesto que futuro es lo que nos falta, lo primero que debemos conseguir es esto.

Cuando se plantea algo como lo que acabamos de plantear hay que entender, que para poder dar este paso se deben suscitar muchos apoyos. Cuantos más sean los apoyos, obligatoriamente mayor deberá ser el consenso, y menor el número de cuestiones sobre las que se deberá llegar a ese consenso.

Si aceptamos como base para empezar a avanzar la reivindicación de un periodo constituyente esta reclamación es suficiente tras haber primero aceptado unos principios mínimos, puesto que de ninguna manera se propone aquí que el periodo constituyente pueda convertir nuestro modelo de convivencia, en un régimen autoritario o en una república confesional o en un régimen comunista totalitario.

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